Aranda I: Cuando uno regresa a donde fue feliz

Es 28 de agosto, festividad de San Agustín, y he regresado al monasterio de La Vid que tantos recuerdos de adolescencia me trae. También he repetido visita a la bodega Pago de los Capellanes, que ya visité años atrás con Emilio.

Había reservado para este viernes una visita a la bodega Pago de Los Capellanes a las 10.00 am, en Pedrosa de Duero. Mi intención era terminar pronto la visita y contar con margen suficiente para desplazarme a cualquier sitio para comer temprano. El día antes me llamaron de la bodega, después de haber reservado, para advertirme que la visita a esa hora iba a ser en inglés. Que la había reservado una persona extranjera, que era la única que se había apuntado a esa hora (¡lo normal, vaya!) y que, por deferencia, la tenían que hacer en inglés. Y me avisaba por si prefería apuntarme en el grupo de las 12.00, más numeroso, pero todos españoles.

Al principio no me hizo mucha gracia la idea, pero al final decidí mantener la reserva para esa hora. Tampoco sería tan complicado seguirlo, pensé, entre mi macarrónico inglés y mis conocimientos sobre el mundo del vino, cortos pero intensos. Y ha salido mejor que bien. La persona extranjera que había reservado la visita no se ha presentado y Celia, que así se llama la responsable de enoturismo de la bodega, me la ha enseñado sólo a mí en una visita privada y en español.

Sólo un pero, y no es culpa de Celia ni de la bodega, sino de mi mala cabeza. Esa misma bodega la visité aquella vez con Emilio. Por algún motivo en mi cabeza estaba que había sido Pago de Carraovejas, que está en Peñafiel, de donde veníamos en aquella ocasión. Pero es que Peñafiel está a veinte minutos o poco más de la bodega. Y mi cabeza y todas las cosas que han pasado por ella desde entonces me han tenido confundido. Me alegro, en cualquier caso. La visita bien ha valido la pena. Me he sentido un privilegiado y, encima, sus vinos son espectaculares.

Santa María de La Vid, en el altar mayor del monasterio.
Santa María de La Vid, en el altar mayor del monasterio.

Tras la visita a esa bodega recordé que hoy era 28 de agosto, festividad de San Agustín, y que no muy lejos se encuentra aquel monasterio premostratense que actualmente lo dirigen los padres agustinos en el que pasé algún verano de hace 35 o 40 años. Y de esto sí que no me pudo acordar por mucho que lo intento. Es el monasterio de Santa María de La Vid, con su preciosa virgen gótica rodeada de espejos y su monumental iglesia renacentista. Se encuentra en La Vid, una población a medio camino entre Aranda de Duero y Peñaranda de Duero, en el corazón de la Ribera del Duero. Supongo que no hay que peguntarse el porqué del nombre.

Hoy lo tenían cerrado a las visitas porque tenían procesión y misa. Yo he llegado con la procesión iniciada (poco más de media hora ha durado) y he esperado al santo sentado en la iglesia, recordando viejos tiempos.

Después, he almorzado en Peñaranda. Preciosa carretera y precioso pueblo, tengo pendiente dedicarle más tiempo, si no en esta ocasión en un próximo viaje. El año pasado pasé por allí con Javier volviendo de Caleruega, cuna de Santo Domingo de Guzmán, y camino de Sotillo de la Adrada, donde él celebra hoy San Agustín. Me he acordado de él y le he mandado una foto desde el monasterio de La Vid.

Viñas de la Ribera del Duero a muy pocos días de inicarse la vendimia.
Viñas de la Ribera del Duero a muy pocos días de inicarse la vendimia.

Ahora estoy escribiendo en el hotel y en un rato me acercaré a Fuentespina, o tal vez a Aranda, si no encuentro un lugar para cenar en Fuentespina. Y, si no, aún me queda hornazo.

PD. En Fuentespina no hay nada. Sólo los restos de lo que una vez fue un bar.

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