Triana cierra la puerta

Con la muerte de Eduardo Rodríguez Rodway, el último de los componentes de Triana vivo, el mito se convierte en leyenda

Recuerdo a Eduardo en los Caños de Meca, un día de invierno, el cielo nublado, un botellín de cerveza en la mano y la vista perdida en el horizonte del tiempo, allí donde el mar quiere subir al cielo para ver. Allí me dijo por primera vez una frase que me repitió cada vez que hablé con él a partir de aquel momento: “Un amigo fiel es un alma para dos cuerpos”.

La muerte de Eduardo Rodríguez Rodway (Sevilla, 10 de junio de 1945-Puerto Real, 26 de septiembre de 2026), el último de los fundadores de Triana vivo, cierra definitivamente la puerta que abrió el grupo cuando irrumpió como elefante en cacharrería poniendo patas arriba la música que se había venido haciendo en España hasta aquel 1975 en el que tantas cosas cambiaron en este país, y marcando el camino de todo lo que vendría después.

Eso fue Triana, una revolución en la música, la piedra angular de lo que, con el tiempo, se terminó denominando rock andaluz, el paradigma de la fusión de la música de una generación, el rock, con la tradición cultural de un territorio.

«Un amigo fiel es un alma para dos cuerpos»

Eduardo Rodríguez Rodway era un hombre leal en el más profundo sentido de la palabra. Un visionario también, que supo ver en Jesús de la Rosa, cuando éste se plantó en su casa de Madrid acompañado de Manolito Marinelli, al artista que no habían visto Los Bravos cuando andaban buscando un sustituto para Mike Kennedy, que iniciaba por entonces su carrera en solitario, y el alma de un grupo que aún ni tenía nombre ni se podía siquiera intuir lo que llegaría a ser.

Gonzalo García-Pelayo, productor de los primeros y míticos discos de Triana, defiende que el gran mérito de Eduardo Rodríguez Rodway en la historia del grupo fue darse cuenta de qué papel le correspondía a cada cual y convertirse en escudero de Jesús de la Rosa, cuando él ya había probado las mieles del éxito. Según García-Pelayo, sin la clarividencia del que fuera guitarrista y autor de algunos de los grandes éxitos de Los Payos, la historia de Triana no hubiera sido la misma.

Los tres componentes de Triana: De izquierda a derecha, Tele, Jesús y Eduardo.
Los tres componentes de Triana: De izquierda a derecha, Tele, Jesús y Eduardo.

El propio Eduardo había propuesto en su momento fichar a ‘Tele’, la tercera pata del banco, cuando junto a Jesús de la Rosa buscaban un batería para el grupo. Juan José Palacios era un «batería artista», recordaba Eduardo, lleno de orgullo por haber sido su padrino. Hasta discutió con Jesús de la Rosa, al que en un principio ‘Tele’ no le terminaba de encajar, para convencerlo de que era el batería que necesitaba el grupo: alguien que, además de dominar las baquetas, tuviera conocimientos de flamenco. Basta escuchar el solo de batería de Abre la puerta, que el propio García-Pelayo incluyó en su película Manuela, en la impactante escena en que la jovencísima Carmen Albéniz se marca un zapateado sobre la tumba del cacique para entender que pocos hubieran sido capaces de hacerlo como lo hizo Tele Palacios.

Triana murió en el mismo punto de la carretera en que había muerto Jesús de la Rosa

Pero la admiración que Rodríguez Rodway tenía al de El Puerto de Santa María se truncó en decepción tras la muerte de Jesús. Eduardo Rodríguez Rodway tuvo claro que Triana murió en el mismo punto de la carretera en que había muerto Jesús de la Rosa, a la vez que lo hacía el dueño de la voz que se había convertido en el sello del grupo. La muerte de Jesús supuso un verdadero mazazo para Eduardo.

De hecho, existía un acuerdo tácito, no escrito, del que hay testigos, por el que Triana dejaría de ser Triana en el momento que cualquiera de sus tres integrantes faltara. Y Eduardo cumplió su parte en aquel pacto. Tele siguió al frente de la banda, con nuevos músicos, que tras el fallecimiento de aquél en 2002 siguieron utilizando el nombre de Triana en sus actuaciones.

Eduardo ha vivido sus últimos años enfrascado en una cruzada particular desde su atalaya de Los Caños de Meca, a donde se retiró cuando se bajó de los escenarios para contemplar la inmensidad del mar, tratando de impedir, sin éxito, que un grupo en el que no hay ningún integrante de Triana pudiera seguir usando el nombre de Triana.

Antes de Triana, Eduardo había disfrutado del éxito con Los Payos, junto a Josele Moreno Hurtado y Luis Moreno Salguero, con temas como María Isabel, del que se vendieron más de un millón de discos. En Los Payos tocaba la guitarra y había compuesto alguno de los temas, como Compasión, o la versión en español del Farewell Angelina, de Joan Baez.

Tras Triana, nada volvió a ser lo mismo

Su trayectoria musical había empezado con 17 años, en Los Flexors, que hacía versiones de grupos como los Shadows o cantantes como Elvis Presley. Marchó a París, donde anduvo tocando en cafés y plazas y pasó un tiempo de Torremolinos también, tocando en tablaos para los turistas, antes de que Luis Moreno se lo llevara a Madrid para iniciar la aventura de Los Payos.

Los tres componentes de Triana: De izquierda a derecha, Jesús, Tele y Eduardo.
Los tres componentes de Triana: De izquierda a derecha, Jesús, Tele y Eduardo.

Después de Los Payos, Jesús de la Rosa contactó con él en su casa de Madrid, donde se grabaron las primeras maquetas de los temas que Jesús había compuesto y que a Eduardo le entusiasmaron. El dúo se iba a llamar Tabaca, pero entendieron que debían ser tres, y buscaron a un percusionista, Tele. Y ahí nació Triana.

Tras Triana, nada volvió a ser lo mismo. Eduardo Rodríguez Rodway lo intentó en solitario y con su propio nombre, y llegó a sacar un par de discos (Velo de amor, dedicado a Jesús de la Rosa, y Noche y día), que no funcionaron demasiado bien.

Con la muerte de Eduardo, el mito de Triana se convierte en leyenda.


Este artículo se publicó en el periódico EL MUNDO el 26 de septiembre de 2026

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