Adán se comió un higo

La Filmoteca de Madrid exhibe entre el 9 de septiembre y el 12 de noviembre el ciclo completo de 10+1 películas en un año de Gonzalo García Pelayo. 'Tu coño', la octava de la serie, es una comedia disfrazada de porno.
Fotograma de la película 'Tu coño', de Gonzalo García-Pelayo.
Fotograma de la película 'Tu coño', de Gonzalo García-Pelayo.
Fotograma de la película 'Tu coño', de Gonzalo García-Pelayo.
La Filmoteca de Madrid exhibe entre el 9 de septiembre y el 12 de noviembre el ciclo completo de 10+1 películas en un año de Gonzalo García Pelayo. 'Tu coño', la octava de la serie, es una comedia disfrazada de porno.

Adán se comió un higo

En el principio fue el sexo. Y luego vino todo lo demás. En el Génesis Eva le ofrece a Adán la fruta del árbol prohibido para que se la coma. Lo de la manzana es un invento de los pintores renacentistas inspirados en el mito griego que dio origen a la Guerra de Troya y la manzana que Paris entregó a la diosa Afrodita para ganarse el amor de Helena. Pero en el paraíso, lo que la Biblia dice que había era una higuera, con cuyas hojas Adán y Eva se taparon sus vergüenzas cuando Dios les recriminó haber comido de la fruta prohibida. Y la higuera lo que da son higos. ¿Lo pillan?

«Soy lo prohibido» cantaba con enorme sensualidad La Chocolata, versionando al grandísimo Bambino, en Dejen de prohibir… la película con la que Gonzalo García-Pelayo inauguraba su proyecto de rodar, montar y exhibir 11 películas en un año. Acabo de ver Tu coño. La película. La octava del ciclo de 10+1, que en unos días, del 9 de septiembre al 12 de noviembre, se va a ofrecer completo por primera vez en la Cineteca Matadero de Madrid y el Museo Reina Sofía, de la mano de la Filmoteca Nacional. [Consulta aquí la programación]

No sé si esta vez García-Pelayo será capaz de librarse de que le marquen con una X los carteles, los descendientes de aquéllos que iban a Perpignan a ver la de Bertolucci en París. Pero esa amalgama de cuerpos desnudos, primeros planos, vello púbico, música antigua, gemidos y jadeos, coplillas, surrealismo, sentido del humor y fantasmas (en todas sus acepciones) está más cerca de la Noche oscura del alma de San Juan de la Cruz y el Libro de Buen Amor del Arcipreste de Hita que del porno.

Vale, quizá exagere un poco. Pero yo me entiendo. Si atendemos a la definición de cine porno que nos da la wikipedia, éste es «aquel en el que explícitamente se muestran los genitales mientras se realiza el acto sexual y cuyo propósito es el de excitar al espectador». En lo primero podemos admitir que coincide con Tu coño. La película. En lo del propósito, ya si eso. La película tiene una evidente intención de provocar, pero no erecciones. García-Pelayo es un outsider por voluntad propia. Y a lo largo de su carrera ha hecho lo que nunca otros hicieron (sobre todo esto) o lo que ya nadie hace (y tal vez tampoco hicieron nunca).

Del latín ‘introducere’

El cineasta juega (y se divierte como un adolescente) con las imágenes y con las palabras, con las formas y los significados. Dedica el primer plano de la «introducción» (del latín introducere) a un primer plano del encuentro sexual de la pareja protagonista, que en ese momento no tiene ni rostros ni nombres, en una escena en la que se oye la voz del director dirigiendo a los actores.

Luego nos enteramos de que los dos protagonistas, Adriano (Saúl de la Roca) y Nerea (Macarena Lewis), forman en la ficción una pareja de jóvenes recién casados con un insaciable apetito sexual. Aparecen completamente desnudos, hirsuta ella y rasurado él, durante toda la película y sólo interrumpen la actividad amatoria, prácticamente, para jugar a ser ellos y no sus personajes, una pausa que se asemeja a aquellos cigarrillos entre polvo y polvo que algunos se echaban cuando se podía fumar. Acabado el juego, de nuevo al tajo.

Es entonces cuando aparecen los otros personajes. Son los acosadores. Encarnan la literatura, la mitología o hasta la violencia que ha envuelto el sexo desde el origen de los tiempos. La pareja, ajena a su presencia, sigue a lo suyo. Pero en el fondo, éstos personajes no les son ajenos. Se comportan como la consciencia, el deseo o el temor de los propios amantes, sus fantasmas, de alguna manera.

Ficción y realidad

Tras ver la película me he acordado de un profesor que tuve en la facultad, que, allá por la primera mitad de la última década del pasado siglo, nos decía que el lenguaje audiovisual tiene la virtud de hacer pasar por falso lo cierto y por cierto lo que es falso. Y nos ponía como ejemplo de lo primero los informativos de televisión. Éstos nos servían, entre el plato humeante de sopa y el postre dulce, imágenes desgarradoras tomadas directamente de la realidad, que no conseguían conmovernos por mor de la costumbre. Y de lo segundo, nos ponía de ejemplo el cine porno, donde todo o casi todo está, digámoslo así, exagerado. Maquillado. Aumentado.

En aquel momento creí entender la explicación. Pero con el paso del tiempo me han entrado muchas dudas. Reconozco que ahora dudo de casi todo y tengo pocas certidumbres. No sé si he cambiado yo o ha cambiado el mundo. Para colmo, en Tu coño, la película, Gonzalo García-Pelayo juega a desbaratarlo todo. Juega con el doble sentido de las palabras y con el montaje, le da para adelante y para detrás, y fragmenta la realidad (¿o es la ficción?) para mostrar la suya propia. La televisión aparece como una ventana pero no para ver el mundo, sino para que el mundo se asome a la intimidad de la cohabitación.

La película, gonzaliana de principio a fin, da una vez más a la música un papel protagónico y en ella los actores leen el guion ante la cámara, homenaje al Miguel Ángel Iglesias de aquella mítica Vivir en Sevilla (1978). La historia tiene hasta moraleja. No la revelaré, pero daré una pista. La protagonista muestra durante toda la película una sonrisa que pareciera eterna, sin final, una curva sinuosa en su cara que conduce a las otras curvas de su cuerpo. Se muestra decidida y firme… hasta que se rompe. Y hasta ahí puedo leer.

Ya lo he escrito en otras ocasiones. Cada una de las películas que forman parte de este proyecto adquiere su verdadera dimensión en relación con el conjunto de la obra que supone el proyecto completo. En Madrid, en pocos días, se pueden ver todas.

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