Literatura para el peregrino

Se puede viajar con la imaginación. O preparar un viaje leyendo. El Camino de Santiago ha sido y sigue siendo inspiración y escenario de muchos libros, novelas de intrigas e históricas, romances de juglares, canciones medievales, vivencias y experiencias personales... Aquí tienes algunos ejemplos.

El conocimiento ayuda al disfrute. Esto vale para todo. Si sabes algo de vinos (cómo se elabora, qué es un vino joven, para qué sirve la crianza, qué diferencia a los llamados vinos tranquilos de los generosos, qué son las añadas, las variedades de uva, los coupages, etc.) los disfrutas más que si sólo te limitas a beberlos. Con el arte, el cine, la música o la literatura… ocurre lo mismo. Para cada viaje que hago, si puedo, trato de prepararme para disfrutar al máximo de la experiencia. Investigo en la gastronomía local (también en los vinos de la tierra), veo películas, escucho música y leo libros

En unos días partiré a tierras de Castilla a descansar. Y, claro, a conocer. En mayo hice el Camino de Santiago desde Tui, el llamado Camino portugués. Hace 15 años hice el francés desde Sarria. Y ahora vuelvo, esta vez en moto, al camino que une Francia con la tumba del apóstol. Me estableceré durante unos días en Villalcázar de Sirga, a pie del Camino entre Frómista y Carrión de los Condes, en la provincia de Palencia. Y visitaré la zona entre Burgos y León, a lomos de mi Babieca, como hiciera no muy lejos de allí hace diez siglos el mismísimo Cid Campeador.

He pedido ayuda en un grupo de Telegram fabuloso con que me topé hace unos meses para localizar algunos libros sobre la zona y sobre el Camino de Santiago, en general. Existen cientos de guías turísticas del Camino y también hay muchos libros que recogen experiencias personales. Pero también los hay que analizan con rigor científico el fenómeno de las peregrinaciones a Santiago y hasta novelas que tienen por escenario el Camino, o a éste como personaje, bien sea protagonista o secundario.

Los libros del Camino

Las guías y las experiencias personales no me interesan demasiado. El Camino de Santiago hay que descubrirlo, y las guías privan al caminante de la posiblidad de sorprenderse. Y las experiencias personales, algunas maravillosas y maravillosamente escritas, son eso, personales. Cada cual tiene la suya. La relación que viene a continuación no sigue ningún orden específico, ni más criterio de selección que mi propio conocimiento o el de personas que me han apuntado títulos que yo desconocía. Y, para que no haya engaños, aviso de que no todos los libros que menciono los he leído. O mejor dicho, no los he leído todavía.

El Camino de Santiago: Doce siglos de historia (Manuel Garrido)

Este libro, escrito por Manuel Garrido y publicado por Alianza Editorial lo compré en mayo en la tienda de la Catedral de Santiago, el día después de haber completado el camino desde Tui. Es didáctico y riguroso al mismo tiempo. Relata el fenómeno jacobeo desde sus orígenes históricos (y legendarios) y analiza los altibajos que ha tenido el Camino de Santiago a lo largo de los siglos, hasta su renacer definitivo en los años 90 del siglo pasado y la enorme efervescencia que vive en la actualidad.

En el autobús desde Santiago a Tui, donde tenía aparcada la moto para volver a casa, me leí más de la mitad. Está muy bien escrito, mejor documentado y se aprende mucho con él. Un libro para quien quiera adquirir un conocimento riguroso del fenómeno del Camino de Santiago.

La peregrina (Isabel San Sebastián)

En esta novela, Isabel San Sebastián (Plaza & Janés), relata el viaje de quien la tradición jacobea considera el primer peregrino a Santiago de Compostela, el rey Alfonso II, apodado El Casto, que en el año 834 se desplazó desde Oviedo, donde tenía la Corte, hasta el lugar donde habían aparecido los que podían ser los restos perdidos del apóstol Santiago, para certificar la veracidad del hallazgo.

El relato está en boca de un personaje de ficción, que va narrando las vicisitudes de aquel viaje, plagado de contratiempos y dificultades reales, a lo largo de los distintos hitos que jalonan el que hoy se conoce como Camino Primitivo.

El alma de las piedras (Paloma Sánchez-Garnica)

Novela histórica de Paloma Sánchez-Garnica (Planeta), cuyo relato arranca en el año 824. Tres curiosos personajes, el ermitaño Paio, el obispo Teodomiro y su ayudante Martín de Bilibio, hallan una tumba cuyos restos, aseguran, pertenecen a Santiago Apóstol. Crean así, en el bosque Libredón, cerca del finis terrae, el Iocus Sancti Jacobi para mayor Gloria de Dios. Dos siglos después, una joven noble, Mabilia, que por una traición a su padre se ve obligada a meterse en un mundo de hombres, descubre de la mano de un cantero una marca en una piedra que conduce hasta La Inventio, un pergamino escrito por el monje Martín de Bilibio en el que se cuenta el “milagroso” hallazgo. Mabilia decidirá acompañar a Arno, el cantero, en busca de la verdad. 

En su peregrinaje conocerá la bondad que produce esa ruta, la construcción de ciudades, monasterios, caminos y puentes, así como el lado más oscuro de los canteros y su extraña labor de arrancarle el alma a las piedras, con el fin de evitar el olvido.

Muy bien escrita y muy bien documentada, ofrece una descripción muy próxima de lo que debió de ser el Camino de Santiago en una época llena de sombras.

El peregrino (Jesús Torbado)

Con esta novela ganó Jesús Torbado en 1993 el Premio Ateneo de Sevilla. En ella ofrece un retrato muy conseguido de la Edad Media y de la sociedad en torno al camino que recorrían los peregrinos que iban desde Francia a visitar los restos del apóstol Santiago. Una sociedad plagada de piadosos despiadados, en la que profetas iluminados y traficantes pícaros vestían parecido sayal, y en la que prostitutas y héroes bebían el mismo vino.

El Camino de Santiago era en sus inicios como un yunque sobre el que Dios y el tiempo golpeaban con furia a quienes lo transitaban. Pero quizá nunca hubo en la historia un escenario tan fastuoso y mágico para representar la exaltación de la vida y el miedo a la muerte, la felicidad de la existencia y las risas del engaño. 

Una novela que ya tiene sus años pero que, como el Camino, es imperecedera.

El manuscrito de barro (Luis García Jambrina)

La novela de Luis García Jambrina (Espasa) relata la investigación del pesquisidor Fernando de Rojas (sí, el autor de La Celestina, convertido en personaje litaerario) y el clérigo Elías do Cebreiro, en torno a unos misteriosos crímenes que se suceden a lo largo del Camino Francés en el año 1525. Los dos protagonistas se convierten en peregrinos para tratar de dar con el autor o los autores de los extraños asesinatos que se están produciendo y que empiezan a generar una gran alarma entre los peregrinos y toda la comunidad (eclesiásticos, hospitaleros, autoridades…) que se desenvuelve en torno al Camino.

La novela es entretenida y se lee de un tirón. El autor conoce bien el Camino, que retrata con profusión de datos, aunque no demasiado rigor histórico. Pero eso no hay que tenerlo demasiado en cuenta. Al fin y al cabo es una novela de crímenes, una especie de Sherlock Holmes del siglo XVI.

Más allá y más arriba (José Antonio Vázquez Taín)

Confieso que no he leído todavía este libro de José Antonio Vázquez Taín, pero lo recomienda gente que merece toda mi confianza. Según la sinopsis que aporta la editorial Espasa, se trata de «un libro diferente y original que aporta una visión nueva y desconocida del Camino de Santiago».

En esta obra, será el propio Camino de Santiago quien nos relate su conformación a lo largo de los siglos. Asistiremos a sus primeros balbuceos, cuando no era más que una ruta plagada de peligros que realizaban unos pocos elegidos para rendir tributo a los restos del apóstol Santiago, y comprobaremos cómo la ruta jacobea se convirtió en un referente para multitud de peregrinos llegados de diferentes partes de Europa, dando lugar a un rosario de urbes nacidas y desarrolladas en torno a un acontecimiento que tiene ya carácter universal.

El peregrino de Compostela (Paulo Coelho)

A mí, Pablo Coelho, me produce cierta pereza, vaya por delante. Pero este libro, que tiene por subtítulo «Diario de un mago», recibe en casi todos los foros muy buenas críticas. Es la primera novela del autor brasileño, que la escribió en 1987 y narra su propia peregrinación hacia Santiago desde Saint Jean Pied-de-Port, en compañía de su guía espiritual, el misterioso y enigmático Petrus.

Cuando ya estaba finalizando la ceremonia por la que Paulo intenta convertirse en Maestre de la Orden de RAM (del latín: Regnum, Agnus, Mundi«Rigor, Amor, Misericordia»), éste comete un error y no puede ordenarse. Es entonces cuando todo el esfuerzo de años como aprendiz de esta orden se ven desperdiciados. Su Maestre, enfadado, le atribuye la difícil tarea de buscar su espada, elemento de su graduación, por el antiguo Camino de Santiago.

La pata de oca (Raquel G. Osende)

Esta novela de Raquel G. Osende podría decirse que es una historia contemporánea del Camino de Santiago y del poder que éste tiene para cambiar la forma de percibir la vida de quien se adentra en él. La novela juega en el título con la tradición que vincula el Juego de la Oca con el Camino de Santiago.

Nacho es un padre de familia agobiado por las obligaciones y con un matrimonio en crisis, que decide realizar el Camino de Santiago para huir de todo eso. Lorena, por su parte, es una joven bióloga a la que acaban de despedir, se siente muy perdida y no tiene a donde ir tras el Camino. Un mes de peregrinación de Roncesvalles a Compostela les dará a ambos lo que necesitan. Eso dice la sinopsis.

Finalista del Premio Amazon en 2020, las críticas de los lectores apuntan en la buena dirección. Habrá que leerlo.

Campo de la estrella (Santiago Blasco)

Novela histórica ambientada a finales del siglo X, Campo de la Estrella (Santiago Blasco, editada por Algaida) describe las peripecias de unos peregrinos a lo largo de la ruta jacobea que discurría por los castillos fronterizos de los reinos cristianos con el califato omeya de Córdoba. El incremento considerable de peregrinos extranjeros convierte a Santiago en uno de los tres grandes centros de culto del cristianismo, junto a Roma y Jerusalén. Pero el Camino de Santiago no es seguro para los caminantes por los ataques de las tropas árabes, y por la presencia de asaltantes cristianos, ladrones y asesinos. Por eso, el rey Bermudo de León decide enviar a su mejor hombre a fin de que averigüe lo que realmente ocurre y dé una solución rápida al problema.

El camino infinito (Luis Mariano Fernández Pimentel)

En esta novela de Luis Mariano Fernández Pimentel (Almuzara), se relata el Camino que emprende Noé, abrumado por las pérdidas y el desamor, desde Jaca, cuando descubre una vieja libreta escrita 35 años antes, en la que Gabriel desvela que su esposa, Vega, está embarazada, pero padece un cáncer terminal. Ambos inician la ruta hacia Santiago de Compostela con la loca esperanza… ¿de qué exactamente? 

Tras la lectura de aquella carta, y a la luz del increíble contenido de las páginas del cuaderno en cuyo interior la encontró, Noé convierte la búsqueda de la pareja en su particular Grial, en un viacrucis pagano, a lo largo del Camino. ¿Llegó Vega a Finisterre? ¿Pudo dar a luz a su bebé o, como los médicos le habían diagnosticado, murió después de emprender su aventura? A lo largo de su ruta, nuestro protagonista encontrará inesperados guías y también insospechados enemigos que anhelan el cuaderno que posee…

Intrigante, como mínimo. 

Bueno, me largo (Hape Kerkeling)

Ya he avanzado que no soy muy amigo de los libros que cuentan experiencias personales. Pero tampoco soy un fundamentalista de ello. Y de éste me cuentan que despertó entre los paisanos de Hape Kerkeling (alemanes, por entendernos) el gusanillo por hacer el Camino de Santiago hace ya algunos años. Habrá que darle una oportunidad.

El humorista y presentador de televisión caminó casi 800 kilómetros que separan Saint Jean-Pied-de-Port del sepulcro del apóstol y experimentó la fuerza purificadora de laperegrinación. El libro, lleno de humor, calidez y sabiduría, es un testimonio sincero sobre la búsqueda de Dios y de sí mismo, y sobre el valor inestimable del viaje a pie. El autor experimenta la soledad y el silencio, el agotamiento y la incertidumbre, pero también el altruismo, la amistad e innumerables recompensas… así como una particular y sorprendente cercanía a Dios.

Conversaciones en el Camino de Santiago (Antonio Bascones)

Novela de Antonio Bascones que, según la sinopsis de la editorial (Almuzara), narra la aventura de dos peregrinos muy diferentes que se encuentran en Puente la Reina y deciden iniciar juntos un viaje que los llevará a recorrer los misterios del Camino a lo largo de su historia. A lo largo del camino, los peregrinos se enfrentan a imprevistos y peligros, pero no se desaniman y continúan adelante con la esperanza de llegar a Santiago de Compostela.

Pero el Camino es mucho más que una simple ruta de peregrinación. Es un viaje hacia el autoconocimiento y la superación personal. En su viaje, los peregrinos se enfrentan a sus propios demonios y aprenden a aceptar sus limitaciones, pero también a valorar sus fortalezas y su capacidad de cambio. Se dan cuenta de que la meta no es sólo llegar a Santiago, sino transformarse en una mejor versión de sí mismos.

Los pilares de la tierra (Ken Follet)

Este best seller de Ken Follet, con trazas de culebrón televisivo, relata de algún modo el viaje, que transcurre durante el siglo XII, de la nueva arquitectura gótica por las tierras conquistadas siglos atrás por su predecesor, el arte románico. Más allá de esto, no tiene demasiada relación con el Camino, aparte del hecho de que una parte del libro está dedicada a narrar el viaje que Jack, el arquitecto protagonista, realiza a Santiago de Compostela para seguir aprendiendo, en este caso, matemáticas. Es un libro muy entretenido (de más de mil páginas, eso sí), razón más que suficiente para que aparezca en esta relación.

El Cantar de Mío Cid

Clásico entre los clásicos, este romancero anónimo, cantado en su época por los juglares, narra las hazañas de un héroe convertido en leyenda en las postrimerías del Siglo XI. En algún pasaje menciona el Camino de Santiago y a los propios peregrinos. Incluso don Rodrigo hace promesa él mismo de visitar la tumba del apóstol por el Camino francés y parar de regreso en Oviedo para visitar la Cámara Santa. Pero, además, parte de la historia que se cuenta en él está relacionada con puntos muy concretos del Camino, como es el caso de los desposorios de las hijas del Cid con los Infantes de Carrión, los hijos de los Condes de Carrión. De Carrión de los Condes.

Si bien la biografía del personaje histórico enterrado en la Catedral de Burgos bajo la lápida que reza Roderico Didaci Campidoctor discurre en buena parte a caballo (nunca mejor dicho) de Burgos y León, en plena ruta jacobea, los hechos que narra el Cantar se refieren al final de su vida, desterrado de Castilla, y volcado en la reconquista de Valencia por parte de las tropas castellanas. Pero como curiosidad, ya vale.

Cantigas de Santa María (Alfonso X)

Otro clásico medieval. Dicen que la inspiración le vino al rey sabio (o a quien las escribiera) de la contemplación de la imagen de Santa María la Blanca de la iglesia fortaleza de Villalcázar de Sirga. Una población de indudable importancia jacobea, en pleno corazón del Camino francés entre Frómista y Carrión de los Condes.

Y no sólo eso. Entre las más de 400 canciones (cantigas) recopiladas por Alfonso X, varias de ellas están dedicadas al Camino de Santiago, y en particular a los milagros obrados por la Virgen en favor de los peregrinos. Algunos son muy llamativos y otros bastante, digámoslo así, morbosos. En este artículo sobre «El Camino de Santiago en las Cantigas de Alfoso X» se resumen algunos de ellos. Aunque, claro, también se pude ir uno al texto original.

Hasta aquí, de momento, la lista, que trataré de ir ampliando conforme vaya conociendo nuevos títulos con los que engrosar la relación. Os dejo enlazado este interesantísimo artículo de Yolanda Barrero sobre «El Camino de Santiago y su literatura». De él he sacado también alguna de las propuestas que aparecen aquí recogidas. Lean, disfruten… y ¡buen camino!

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