Con Villalcázar de Sirga, Villasirga para sus habitantes, cuya iglesia templaria se percibe desde la lejanía, ocurre algo similar que con Salamanca. Que se la ve sin haber llegado. Yo ya empiezo a referirme a este lugar como Villasirga, porque una parte de mí se siente casi de la zona. Es un pueblo en mitad de la nada, entre dos puntos del Camino de Santiago que son referencia del camino francés por el páramo palentino, como Frómista y Carrión de los Condes. No tiene mucho ambiente, según la concepción urbanita de éste, que digamos. Es un pueblo tranquilo, de gente tranquila, donde no se puede cenar por la noche. O, digámoslo mejor así, es una lotería.
Hay un mesón, Los Templarios, de visita obligada para quien pase a menos de cien kilómetros (yo todos los años me hago en torno a 800 kilómetros para ir y otros tantos para volver sólo para comer allí un día), pero no abre por las noches. Y hay otros dos bares que a veces tampoco abren durante el día. Siempre nos quedará Carrión. Frómista, impresionante y también controvertida su iglesia románica de San Martín de Tours, pero anda cortita también para cenar en la calle, y eso que tiene algunos establecimientos de fama, seguro que merecida; yo no los conozco. O no los conozco aún, quiero decir.
Pero da igual… Cuando uno es del pueblo, cena en su casa. Yo empiezo a sentirme parte de él. Maripaz dice que voy a terminar comprándome algo en Castilla. Y tal vez tenga razón, aunque no esté en mis planes. Como dice la pulsera que me regaló María José, “la vida es ahora”, y eso sí lo tengo claro.
Como dice la pulsera que me regaló María José, “la vida es ahora”, y eso sí lo tengo claro
Maripaz es la esposa de Rafa y la hermana de Lourdes, la dueña del Hostal Infanta Doña Leonor, que no se llama así por la actual Princesa de Asturias, como algunos erróneamente creen, sino por aquella otra que vivió en el siglo XIII, casada con un hijo del rey Fernando III el Santo, y que, según la tradición, tuvo sepultura en la portentosa iglesia-fortaleza templaria de Santa María la Blanca, que inspiraría las famosas Cantigas de Alfonso X.
Pues bien, digo que los del pueblo cenan en su casa, con su gente. En Los Templarios, al mediodía, Rafa y yo nos pusimos de grana y oro. No me dejó pagar, por cierto. Y por la noche, fui a Villoldo, a diez minutos de Villasirga, a tomar algo con la cuadrilla de todos ellos… No recuerdo los nombres de todos, supongo que me perdonarán. Sí del de Jesús, que estudió en Sevilla y vive en Granada hace cincuenta años, el de Pedro, hermano de Lourdes y Maripaz, si no entendí mal. El de Manolo, que tiene una canción propia, y Mariló, su mujer… Y este sevillano se sintió igualmente en familia. Muy agradecido por su acogida. Para que digan que los castellanos son secos… (continuará).



