Telémetro y deriva

Telémetro y deriva

Uno de los aspectos menos resaltados en los numerosos museos, memoriales y recintos conmemorativos de la II Guerra Mundial es el relacionado con las diversas tecnologías que se desarrollaron en el marco de esta contienda. Multitud de «pequeños» y grandes dispositivos fueron ingeniosamente elaborados para su uso por los combatientes de ambos bandos. Desde los curiosos «crickets», pequeños «grillos» de latón utilizados por los paracaidistas de la famosa división 101 aerotransportada norteamericana para identificarse en la oscuridad hasta los impresionantes telémetros instalados en los bunkers y casamatas de la defensa costera.

Casi todos nos hacemos una idea de la precision y sensibilidad que requeren los instrumentos ópticos de precision, y la dificultad que entrañana su ensamblaje y calibración. Instrumentos como el que se muestra en el Museo del Desembarco en Utah Beach, de varios metros de envergadura, son un ejemplo de la avanzada tecnolgía de su época, que permitía medir la distancia de objetos lejanos (barcos, por supuesto) en las difíciles condiciones de visibilidad del Canal de la Mancha con unas prestaciones que hoy día aún sorprenden.

Pequeños binoculares de alta luminosidad que hoy se venden -con sus empuñaduras gastadas pero con la calidad óptica casi original- en las tiendecitas de recuerdos bélicos formaron parte de los equipos de tantos y tantos soldados que murieron en estas tierras. Un medidor de deriva, sistema óptico para medir la desviación de los aviones y de la caída de las bombas, extraído de un bombardero encontrado hundido en las aguas cercanas es otro testigo mudo -y cito parcialmente a mi padre- de la ingente cantidad de talento que el ser humano es capaz de empeñar tanto en hacer el mal como el bien.

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