Que espere Alemania

Que espere Alemania

Al final pasó lo que tenía que pasar. Si uno viaja sin tener nada cerrado, ocurre que luego las cosas no salen como estaban previstas. Lo que, no obstante, no deja de ser en cierto modo una paradoja. Pero, sea como fuere, la verdad es que no estaba previsto que pasáramos en Francia más tiempo del imprescindible para llegar hasta Alemania y al final hemos decidido quedarnos. Claro que Estrasburgo, como prácticamente toda la región de Alsacia, en realidad tiene mucho más de alemán que de francés.

Eso es algo que siempre había oído. Pero hay que verlo para darse cuenta de hasta qué punto es verdad. Ya desde la autopista, los nombres de los lugares que se van dejando atrás y que aparecen en las indicaciones dan la sensación de estar escritos en la lengua de Goethe. Pero en Estrasburgo, sede del Parlamento Europeo, es que ni se disimula. En las pizarras de los bares y restaurantes se hace referencia al Oktoberfest; las mismas cartas de comida están escritas en alemán (con traducción al francés y el inglés) y ofrecen codillo y chucrut; la cerveza es alemana y la gente habla alemán.

En realidad hablarán de todo, porque en Estrasburgo viven y trabajan (se supone) personas de todas las nacionalidades que forman parte de la UE. Incluso hay un garito con nombre en español, ‘El machete’, en el que la clientela, muy joven, fuma (en la puerta, que en Francia eso de fumar en los bares es cosa del pasado) y bebe mojitos mientras suena música de los mexicanos Molotov. Seguramente volvamos mañana.

Porque al final, como digo, nos vamos a quedar en Estrasburgo un día. La hemos paseado de noche, y merece la pena. Su espectacular catedral, La Petit France, el Rhin… Además, admitámoslo, cuando uno se echa en el cuerpo alrededor de 2.400 kilómetros y unas 25 horas de moto, más o menos, repartidas en cuatro días, tomarse una jornada para recuperar fuerzas antes justo de meterse de lleno a recorrer las carreteras de la Selva Negra, Baviera y los Alpes no es mala cosa. Los dos últimos días, sobre todo, han sido duros: hemos dormido poco, y hemos conducido mucho, fundamentalmente por autopista, con lo que ello supone: peajes, aburrimiento…

De todos modos, es la mejor opción para ganar kilómetros. El día que salimos de Barcelona habíamos calculado que pararíamos cerca de Lyon o de Grenoble, aproximadamente a mitad del camino hasta Estrasburgo. En un momento dado, durante un alto para comer en una de las numerosísimas y estupendísimas aunque carísimas áreas de servicio francesas, decidimos abandonar la autopista para disfrutar un poco de otras carreteras. Craso error. Creo que no llegamos a hacer, fuera de la autopista, ningún tramo de más de 10 kilómetros sin meternos en un atasco. El que nos cogió cruzando Avignon (nosotros a las señoritas no las vimos) fue de órdago. Al final paramos en Orange (léase Oganch). Por el tiempo que tardamos y por las vueltas que dimos, pensábamos que estábamos más cerca de nuestro destino de lo que en verdad nos encontrábamos, prácticamente unos pokos kilómetros más al norte del punto en el que habíamos abandonado la autopista. Así que la etapa final hasta Estrasburgo decidimos hacerla por autopista en su totalidad, pese a los peajes (he perdido la cuenta de las veces que hemos parado) y pese al aburrimiento.

Y, de momento, aquí estamos.

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