Por la boca vive el pez

Por la boca vive el pez

¿En qué pensaría Fito Cabrales cuando escribió su canción? No sabemos si se convertirá en pez, pero Emilio dice que va a tener que estar nadando hasta que le salgan escamas para compensar el pedazo de hornazo que nos hemos metido entre pecho y espalda. «Esto tiene dentro todas las fuentes conocidas de colesterol», afirma el doctor Gómez. La verdad es que no nos ha ido mal el asunto de las comidas en la primera jornada. Dejando a un lado el mencionado episodio del desayuno y que nos hemos comido un lomo al roquefort que, dentro de su categoría, es lo más ponzoñoso que nos hemos hincado nunca… Claro que, por cuatro euros, qué más va uno a pedir. Y si a eso le unimos el hambre que se pasa en la moto… En el segundo repostaje, en Cañaveral, a unos 165 kilómetros de Salamanca, las tripas ya pedían algo solido. Pero el temor a la somnolencia al manillar nos hizo esperar llegar a Salamanca. Eso ocurrió sobre las 15.30. Tuvimos suerte, encontramos un bar abierto junto a la iglesia de los dominicos (que se llama de San Esteban), donde servían unos platos combinados (vaya, huevo fritos con patatas y un filete) a un precio más que razonable. Era lo mejor de la comida. Ah, bueno, eso y la cerveza, proscrita en carrera pero obviamente prescrita en destino.

Y la cena… Corramos un tupido velo sobre el hecho de que me quemé un dedo en una puta plancha hirviendo que habían sacado del horno. El episodio ha hecho que Emilio se acuerde del sobrinillo de una buena amiga… Aparte de que entre uno y otro median 35 años de diferencia, el asunto ha sido muy parecido… Pero bueno, a lo que iba, que el hornazo estaba para chillarle, pero bueno, bueno… Lástima que haya que venir hasta Salamanca para comerlo en condiciones. 

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