La naturaleza y su sobrecogedora belleza

La belleza es lo único capaz de darle sentido a la vida. Que nadie se engañe, llegar hasta aquí es duro. Físicamente duro. Estás solo, aunque vengas acompañado. Siempre lo estás, en el fondo, en la vida y encima de una moto. Y en algunos momentos, especialmente los inmediatamente anteriores a iniciar el viaje, te planteas para qué, si merece la pena el esfuerzo. ¡Pero claro que merece la pena!

El motero se hace y el camino se recorre. El que me ha traído de Jaca, en la puerta del Pirineo aragonés, hasta Taüll, en donde me encuentro en este momento, es una maravilla. Me cuesta encontrar palabras para describir las emociones que he sentido circulando por esas carreteras de montaña, sinuosas, sombrías en ocasiones, silenciosas y solitarias, estrechas por momentos y a veces bacheadas, aunque también con tramos de trazado limpio y carriles amplios, y, siempre, siempre, de una belleza indescriptible.

La mañana amaneció soleada, pero con la amenaza de un cielo gris por el este, a donde nosotros nos dirigíamos. El temor a que la lluvia se hiciera presente y lo hiciera en forma de tormenta era cada vez mayor, conforme nos acercábamos al túnel de Petralba, entre los municipios oscenses de Sabiñánigo y Fiscal

La puerta a lo desconocido

El túnel era más que los 2,6 kilómetros de longitud que tenía la infraestructura. Era un refugio ante la inminente tormenta y una puerta a lo desconocido, a lo que quiera que nos fuéramos a encontrar al otro lado de la montaña. La sorpresa fue que nos encontramos un cielo azul brillante, moteado por algunas nubes bancas de algodón, y una luz que otorgaba al paisaje un halo, casi, de irrealidad. A veces, absortos en nuestra propia simpleza de pantallas y tecnologías, te olvidas del espectáculo maravilloso que ofrece la naturaleza.

Un paisaje sobrecogedor de montañas escarpadas, de inmensos muros que se elevan prácticamente verticales junto a la misma carretera, que circula en paralelo al trazado eterno de arroyos y riachuelos, da paso, sin solución de continuidad a otro de verdes prados en mitad de un valle o a un bosque de alta montaña.

Hemos parado en mitad de la nada sólo para contemplar el paisaje, sentirnos insignificantes en medio de esa naturaleza inmensa y prolongar la ruta, en un intento inútil por detener el tiempo. ¡Qué cierto es que lo importante está en el camino y no en el destino! Que el destino es el final y que hasta que éste llegue lo único que importa es seguir caminando, a pie o en moto, da igual, y seguir disfrutando de la belleza.

La belleza que sobrevive a la vida

Es lo único, la belleza, capaz de darle sentido a la vida. De sobrevivir a la vida. Que nadie se engañe, llegar hasta aquí es duro. Físicamente duro. Estás solo, aunque vengas acompañado. Siempre lo estás, en el fondo, en la vida y encima de una moto. Y en algunos momentos, especialmente los inmediatamente anteriores a iniciar el viaje, te planteas para qué, si merece la pena el esfuerzo. Si no será mejor dejar aparcada la moto y hacer lo que hacen todos.

¡Pero claro que merece la pena! La belleza del paisaje que he podido disfrutar hoy no se ve en nuestro día a día, por muchas pantallas que pases, ni aunque te pases la vida haciendo scroll.

Seguiremos rodando.

Esta web utiliza cookies propias para su correcto funcionamiento. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad