GPS

Formidable compañero. Magnífico acompañante que nos da la seguridad que tanto valora Ignacio, sobre todo en las entradas y salidas de las ciudades. Pero al GPS de Ignacio -el único que llevamos- le encanta viajar. El diminuto geniecillo oriental que sin duda tiene dentro, y que tan bien conoce todos los caminos, es un consumado viajero. Después de tantos kilómetros y millas con su dueño motero ya es como los viejos y nobles caballos que intuyen lo que piensa su amo. Y no le gustan las autopistas. Ni siquiera las carreteras con las líneas pintadas. Prefiere los caminos rurales y las rutas aventureras. Por eso hace un par de días, en Portsmouth, nuestro tecnológico asistente decidió llevarnos a la casa natal de Charles Dickens en vez de a la terminal del ferry. Quizás buscaba a los harapientos golfillos que vendían patatas asadas en las callejuelas portuarias. O a los pequeos deshollinadores que sobrevivían por los tejados. Pero a nosotros nos llevó a la taquilla del barco un amable motero inglés montando una preciosa Triumph.

Hoy, al salir de Coutances, el pequeño dispositivo decidió llevarnos por unos preciosos caminos entre los pueblecitos normandos. El matiz «curioso» era la persistente lluvia que convertía la tierra en barro y las estrechas carreteras en pistas de patinaje. Y el problema no es caerse a baja velocidad. Lo dificil sería levantar las motos con el cargamento que llevan. De todas maneras, toquemos madera -no boscosa, sino de la propia cabeza- para no tener que averiguarlo. Y, para rematar la faena, al salir de la preciosa ciudadela amurallada de Mount Saint Michel, nuestro querido amigo comenzó a dirigirnos por los preciosos caminos que comunican las aldeas de la zona. Quizás no sabía que casi todo este área linda con una famosa marisma, inundable cuando sube la rápida marea. O quizás tenía algún kilobyte en su memoria que le hacía pensar, como a quien suscribe, en los exquisitos pescados de estero que aquí podrían pescarse, a las gaditanas maneras. Aunque, creo que afortunadamente, nuestro inseparable amigo viajero estas maravillas gastronómicas aún no las conoce. De momento, sin duda.

Cierto es que, como bien me corrige Ignacio, cuando hemos «tirado de intuición» desobedeciendo las indicaciones del amigo electrónico, hemos realizado recorridos más largos. Y que cuando hemos seguido las señales «convencionales», también hemos atravesado pequeños pueblos y villas. Pero también es cierto que un servidor prefiere -al menos en ocasiones- perderse por los caminos y acabar preguntando a un interlocutor lugareño.

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