Los planes no siempre salen como uno espera. Pero ello no significa que necesariamente salgan mal. Todo lo contrario. Los mejores planes, con frecuencia, son los que no se planifican. Los que se improvisan. Los que la casualidad, el azar, la providencia o vete tú a saber qué te ponen por delante. En ti está darte cuenta de la oportunidad que se te brinda… y en aprovecharla.
Hoy tenía que llegar hasta Villalcázar de Sirga. O Villasirga, como le dicen en el pueblo. Y he llegado, que no se me asuste nadie. Y no bien, sino mejor que bien. Pensaba atravesar por carreteras nacionales toda la zona del vino de Rueda, antes de incorporarme a la Autovía de Castilla a la altura de Tordesillas y desde ahí continuar por ella hasta Palencia. Después tomaría dirección a Santander, y por fin regresaría a carreteras nacionales en Frómista.
Ya había planificado hacer ruta por Madrigal de las Altas Torres, localidad donde nació Isabel la Católica y, de alguna manera, también la idea de España, y que pugna con Rueda ser el origen de la uva Verdejo. De Madrigal, donde iba a pararme a desayunar, continuaría hacia Medina del Campo y Rueda, antes de enlazar con Tordesillas.
Un pipiolo (otro) en el camino
Pero no. Resulta que, si dos pipiolos quisieron acompañarme en el arranque de mi viaje, anoche me topé con otro pipiolo, Toni, que hacía noche en Dueñas por motivos de trabajo, y quedamos en desayunar hoy juntos, antes de que él retomara la ruta con su camión en dirección a Navarra. Y ello me obligaba, y yo encantado, a madrugar otro día más.

Descarté, pues, tirar por carreteras secundarias, aunque alguna tuve que tomar hasta dar con la autovía. Conduje con el sol del amanecer en los ojos durante algunos kilómetros. Y llegué al punto de encuentro, un área de servicio poco antes de la salida para Dueñas, donde me esperaba Toni. Me he acordado de Sebastián, que allá donde viaja siempre encuentra a alguien de Gilena, y de Manolo, al que le ocurre lo mismo con la gente de Valverde. A mí me pasa con los pipiolos, que allá donde voy siempre me encuentro alguno.
[Nota para quien se haya perdido: Los Pipiolos Garage Club Gas o como se llame hoy, que cada día le cambian el nombre, es el grupo de moteros con el que me muevo por Sevilla. Somos siete, pero, por una razón u otra, nunca conseguimos rodar todos juntos. Todos conducen la Drag Star de Yamaha en sus distintas cilindradas o, como yo, su hermana mayor, la Midnight Star. Os diría que son una panda de maleantes, pero mentiría; ya les gustaría a ellos ser unos malotes, pero la vedad es que son gente fabulosa. Y yo tengo la suerte de compartir algunas rutas y algunos ratos con ellos]
Etapa de reencuentros
El caso, volviendo a lo que iba… ¡Qué alegría da encontrarse a gente que aprecias a 800 kilómetros de casa! Toni y yo nos hemos abrazado, hemos desayunado juntos y nos hemos deseado mutuamente buen viaje, antes de emprender cada uno el suyo. El mío ha continuado hasta Frómista, donde me he tomado el segundo café del día y me he fotografiado con la moto junto a la iglesia de San Martín, un clásico ejemplo (para algunos de cómo no debe hacerse una restauración) del románico palentino. Y luego he continuado hasta mi destino final, por una carretera por cuyo margen discurre parte del trazado histórico del Camino de Santiago entre Burgos y León.

En Villasirga, me esperaba Rafa, que tenía ganas de enseñarme su moto, que no la tenía cuando nos conocimos. Hemos ido hasta Carrión a hacer unos mandados y hemos tomado unos vinos. Él. Yo he tomado cerveza sin alcohol. Después hemos vuelto a Villalcázar de Sirga y me ha acompañado a comer al Mesón los Templarios. No hemos necesitado la carta. Los dos sabíamos lo que íbamos a pedir: morcilla, para abrir boca, sopa castellana y lechazo churro. Él ha pedido pata. A mí me han puesto lo que llaman la tajada del pastor, la mejor parte del lechazo. Espectacular. Tenéis que venir a probarlo. Pero reservad, sobre todo si venís un fin de semana. Y eso que en el salón caben 300 comensales. Al final hemos ido hasta su casa, en Villoldo, para tomar café (el cuarto) con su mujer, Mari Paz, que es hermana de Lourdes, la propietaria del Hostal Infanta Doña Leonor, donde me quedo esta noche.
Sigue la ruta
Nunca se viaja del todo solo. No sólo por la cantidad de gente que uno lleva en su equipaje emocional, sino porque se alguna manera uno termina siempre acompañado. O terminas haciendo amigos, o te encuentras con los que ya traías de casa. Mañana me reuniré con Javier en el Castillo de Javier. No es un juego de palabras. Hemos quedado allí para continuar juntos la ruta, primero a Jaca, más tarde a Taüll. Él en su coche y yo en mi moto. El llegará desde Azpeitia, en Guipúzcoa, y yo desde tierras palentinas.
Estoy mirando el tiempo y parece que mañana podría mojarme… Pero, tranquilos, como mucho me caerá agua. Os seguiré informando.



